// 18.12.2015 - 19.01.2016 / Sala EL CUB

cul-de-sac

Guillermo Lledó


Las obras de Guillermo Lledó se parecen a cosas que podemos encontrar en el entorno próximo. Pueden aparecer en un espacio expositivo limpio y neutro que las realce o en otro no preparado para exponer que las hace mimetizarse con el lugar. En ambos casos las obras dialogan con el espacio en las que aparecen instaladas. Han sido concebidas como objetos independientes, con identidad propia, pero adquieren pleno significado a través de las relaciones que establecen con el resto del ambiente circundante.

Son obras que se imponen por su presencia al mismo tiempo que evocan la realidad que las ha hecho posibles. La configuración de las piezas nos remite a los métodos de elaboración y sus características formales a una funcionalidad que, no por desconocida, sugieren con claridad. Elaboradas como en la industria o en la construcción, con criterios racionales y economía de medios, la contundente presencia física de las obras se transforma en vehículo de asociaciones relacionadas con la forma de ocupar el espacio y el papel que juegan ciertos objetos en él.

El tamaño de las obras, basado en una escala cuyo referente es el propio observador, trata de implicar a este dramáticamente, haciéndole experimentar emociones que ya conoce. En Cul-de-sac, obra que da título a la exposición, un cubo de aspecto minimalista y dos metros de altura, la ausencia de una de las caras lo convierte en un lugar umbrío cuya abertura solo ofrece al fondo un lugar cegado. De forma parecida, Confinamiento, con dos espacios enrejados idénticos trata de evocar en el espectador la sensación que este podría tener si estuviera recluido en su interior, aunque se halle paseando tranquilamente alrededor. Estancia 17, en cambio, se limita a sugerir con su estructura un recorrido muy limitado, porque una especie de pasillo escalonado conduce a otro pequeño pasillo que no lleva a ningún sitio, algo que el espectador debe completar en su imaginación porque las paredes, a diferencia de Cul-de-sac, sólo aparecen insinuadas. Las otras obras de tipo escultórico abundan, con diferentes recursos, en esa idea de clausura o cierre, como ejemplifica ST (Entrada 1/3), que simula funcionar en el espacio en el que se encuentra como una puerta herméticamente cerrada.

Las pinturas, por el contrario, introducen otro elemento bien distinto. En el contexto de la exposición actúan poniendo un contrapunto de color a la gravedad que imponen las esculturas, y funcionan en el montaje como lo hacen los paréntesis o entradas en un texto que sirve para introducir un discurso paralelo. Dichas pinturas, realizadas monótonamente sobre papel con pinturas industriales, figuran como una especie de carta de colores que tiene como referente a esa industria de la que parte y a la funcionalidad que los propios colores tienen en la sociedad que los usa. No obstante, las pinturas y las esculturas tienen en común el hecho de que, a pesar de la radical abstracción que muestran y su apariencia minimalista, esconden otros significados que pueden aparecer sólo cuando el espectador deambula entre ellas y piensa acerca de las sensaciones que le producen y los recuerdos que provocan.

Javier Martín

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