// 17.09.2015 - 21.10.2015 / Sala EL CUB

EL HOSPITAL SUECO-NORUEGO DE ALCOY

Antoni Miró


CUANDO ANTONI MIRÓ NOS DESVELA

Allá donde hay un combate, allá donde hay una injusticia, allá donde hay un grito de angustia, allá donde hay el lacerante dolor humano, allá está el pincel de Antoni Miró. Lejos de la torre de marfil, donde orgullosos artistas se refugian mientras a su alrededor la dignidad es pisoteada, el coraje insultado y la supervivencia condicionada, Antoni Miró “baja” a la calle, mira la aventura humana y “describe”, con su mágico pincel, la tragedia humana.

Una vez hubo una guerra, a la que llamaron “civil” –¿dónde estaba la civilidad?–, que era una manera de bautizar un furioso golpe de estado contra la democracia y contra la ley. Los sublevados eran fascistas y se alimentaban de la expansión de esta agresiva doctrina que anidaba en algunos puntos de Europa. El futuro del fascismo siempre es la violencia. ¿Sabéis qué es el fascismo? Son unas cuantas personas que, para hacer “feliz” a su pueblo, le usurpan su libertad, porque ellos saben qué les conviene a aquellos ciudadanos a los que consideran incapaces de regirse. Algunos –muchos– se lo creían, y formaban en plazas y calles y levantaban el brazo y juraban que su nación era la mejor del mundo y su “raza” (pero, ¿qué carajo es una raza?) es superior a las otras.

Y existía Alcoi. Luchando, como tantos otros, contra los militares sublevados y contra todo lo que representaban. En Alcoi, desde Jaime I, hemos perdido todas las guerras y, sin embargo, aquí estamos. Doblegar a un alcoyano no es más difícil que doblegar a cualquier otra persona, pero siempre queda un rastro de burla, en los ojos de las víctimas vencidas, que nunca nadie ha sido capaz de borrar. Pues en aquel Alcoi suecos y noruegos montaron un hospital –que hoy es la Escuela Industrial– donde se salvaron cientos de vidas humanas. Por qué Alcoi? Porque existía la gente capacitada y un espacio idóneo, porque el aire huele a tomillo y romero y porque fue la base del anarquismo peninsular y del orgullo de trabajar.

Antoni Miró ahora dedica una serie de sus esplendorosas pinturas a recordar aquel hospital, aquellos heridos de guerra, aquellos nórdicos, aquellos médicos valerosos y aquellas manos inquietas que saben curar y consolar.

Es emocionante, ¿verdad? Es emocionante que suecos y noruegos se solidarizasen con los luchadores contra el fascismo; es emocionante que un hospital así existiera y que existiese en Alcoi; es emocionante que Antoni Miró moje el pincel en la memoria histórica y nos recuerde lo que pudimos ser, un día, y que aún no hemos podido ser.

Sí, es emocionante y bello que esta pintura exista. Sin concesiones. Como homenaje y como catalizador de un despertar que estaba tardando demasiado en llegar.

Isabel-Clara Simó

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